Por: PORNOMOTOR
De entrada, al encuentro erótico de las sexy-gatitas ya me podía ir sintiendo afortunado.
En la habitación que me asignaron para cambiarme le estaban haciendo el estudio fotográfico a una jovencita pelinegra, flaquita, de cejas bien pronunciadas y un aire inocente.
En su piel fresca ya tenía marcada unas rayas de pintura a la altura del mentón, que se repetían en su espalda y que se acentuaban con sus finos rasgos en la cara dándole un excitante aire gatuno.
Era la primera gatita que se me cruzaba en la fiesta, solo pudimos sostener un juego de miradas mientras ella posaba para la cámara y yo en un extremo del cuarto me desvestía lentamente morboseándola por intervalos.
Después se agachó y se puso en cuatro sobre la alfombra como ofreciéndole su trasero al lente de la cámara, una imagen que se me quedó grabada en la mente una vez salía de la habitación para adentrarme hacía el mundo de las fieras y las mininas.
Es temprano todavía y más chicas llegarán después, al menos eso fue lo que percibí una vez ingresado al salón de fantasías en donde una jauría de cazadores solitarios buscaba felinas hasta debajo de las piedras.
El desequilibrio era palpable, las mujeres se contaban con los dedos de la mano, los felinos eran los hombres que se arrojaban sobre cualquier presa femenina que estuviera algún instante en plan de desparche.
Una ratoncita sexy que charlaba con un hombre en el sofá me dio la bienvenida, ella tenía pintados en la cara unos mostachines de gato pero tenía puestas unas orejas de ratón, es decir que esto se volvió un encuentro de “gatitas y ratoncitas” pensé mientras observaba el panorama: una “tigresita” era sometida en la cama por tres cazadores que la despresaban por partes: ella estaba en cuatro siendo penetrada por uno, mientras otro le lamía los senos y la acariciaba y otro tercero se acomodaba debajo haciéndole sexo oral.
Una pareja miraba la acción desde un sofá, el tipo le decía a su acompañante que si se le medía o no a pintarse o a disfrazarse para la ocasión pero la respuesta fue negativa, entonces más bien se toqueteaban entre ellos hasta que a los veinte minutos se fueron para el cuarto oscuro (esa parejita se encarga de abrir la acción en ese cuarto que al momento de mi llegada estaba abandonado).
Me paro a buscar un trago y a la salida puedo charlar más íntimamente con Sharon, la ratoncita costeña que ya conocía de fiestas atrás y que había tenido que lidiar sendas batallas amatorias mientras llegaban las demás mujeres.
En ese rato llega Marión, la gatita aquella del estudio fotográfico que me había hipnotizado hace un par de horas, estaba integrada a un grupo de viejos clientes y si bien no participaba se la notaba alegre departiendo con ellos.
A Sharon la dejé esperando un rato afuera mientras me mandaba hacer un masaje estimulante con aceite de almendras, un masaje de esos que yo no sé qué tendrán en su composición pero se lo dejan a uno como un riel o como para partir panela….¿o será más bien la buena mano de la masajista?, el caso es que vaya si me estimuló aquél “relajamiento corporal”.
Entonces salgo del cuarto de masajes ya revitalizado pero no veo a Sharon, voy para el cuarto oscuro y no me sorprende que ella ya tenga acción con dos tipos, otros dos observan la escena mientras se masturban, al lado hay otra pareja que goza de lo lindo y al rato se forma un “gang bang” que miro con detenimiento a ver si encuentro por ahi un campito libre para unirme a participar, pero me encamino más bien al salón de fantasías.
El animador en algunas ocasiones había bajado las luces como queriendo hacer cuarto oscuro para incitar el erotismo entre los presentes, pero en este instante está como casi siempre: a media luz.
Las horas siguen pasando, es tiempo de un relax en el jacuzzi, ahí conozco a Renata que está sola y de espaldas al chorro “masajeador”, tiene los ojos entrecerrados pero los abre como saliendo de un trance en el momento en que la saludo, me acomodo al frente suyo, hablamos de cosas varias, reímos, bromeamos, mirada va y mirada viene, intercambio de masajitos breves y de pronto nuestras manos y nuestras lenguas empiezan a juguetear y amenazan con salirse de control, en ese rato llega gente a hacernos compañía y entonces nos vamos para el cuarto oscuro.
En el pasillo que comunica ambas habitaciones ella se detiene un poco preocupada, asoma su cabeza por el telón para ver si observa a las dos amigas con las que llegó y me parece curioso porque no hay que ser adivino para saber en qué plan deben andar, entramos al cuarto y se cohíbe un poco al ver que otros tipos la devoran con la mirada.
Es que ella no es felina, si lo son los tigres hambrientos que no la han podido cazar porque Renata es una presa difícil, dice que está solo con los hombres que le gustan, poco le llama la atención estar con más de dos tipos y no le gusta tener sexo con mujeres.
Por eso me sugiere que vayamos al baño y lo hagamos en la ducha, al fin y al cabo en este cuarto todos están ocupados y no nos van a molestar, ella cierra con llave y deja entrever una sonrisa maliciosa como si fuese una niña que acaba de hacer una pilatuna, se despoja de su toalla y contemplo unas tetas paraditas, no muy grandes pero que se ven armoniosas con su cintura de avispa y sus nalgas torneadas, un conjunto que no logré apreciar muy bien cuando estábamos en el jacuzzi, este “baño” que nos echamos no fue muy cómodo que digamos porque la única posición en la que podíamos estar era de pie, ella con sus manos hacía adelante apoyada en la pared por la que recorría el agua tibia que rebotaba en nuestros cuerpos y yo sometiéndola por detrás mientras le cogía el pelo salvajemente con una mano y la acariciaba con la otra, no nos podíamos mover mucho lo que no me permitió besarle el cuello y la espalda que era lo que ansiaba.
No fue muy duradera pero si fue una faena excitante. Terminamos, nos enjabonamos y salimos afuera, un tipo estaba esperando que le abriéramos la puerta y una pareja nos sonrió a ambos, el cuarto ya no estaba tan lleno y en la cama doble varios cazadores caían ante las garras de Ximena y Adelita, dos verdaderas tigresas del sexo, ellas dos son historia aparte…
Las devoradoras de hombres
Ximena y Adelita, son dos auténticas fieras que esta noche fueron como uña y mugre, parecen ser las hermanas maravilla de la lujuria, siempre andaban participando activamente y no exagero si digo que estuvieron con todos los hombres de la fiesta.
Son pelinegras, menuditas y tienen un magnetismo sexual impresionante. Adelita es más delgada, tiene un cuerpo espectacular y carita de ángel con alma de diabla, una mirada traviesa y penetrante, Ximena es más bien voluptuosa y de labios carnosos, tiene unos teteros enormes y no es tan coqueta como Adelita, lo que si las identifica a pleno es su fogosidad y la complicidad que tienen cuando coinciden en las fusiones amatorias, también se miran, se tocan, se dan piquitos y ofrecen así exquisitos instantes lésbicos, satisfacen a todos porque se entregan en el sexo como si cada polvo que se echaran fuera el último de sus vidas y gimen, se estremecen, deliran y hacen delirar.
Ellas pasan a ser las cazadoras y muchos hombres se rinden ante ellas como mansos gatitos.
Y si no están en acción entonces bailan, comparten y departen un trago con los clientes.
No les vi disfraces ni pintura con motivos de felinas en sus pieles pero la actitud de leonas en celo la conservan ciento por ciento.
Gatubela y el zarpazo final
La noche de gatitas, felinas y ratoncitas calientes entrá en su última etapa, el animador anuncia el esperado número de clausura, nada menos que la antagonista de Batman y una de las chicas más sexys de la ficción: Gatubela.
Esta Gatubela no es tan estilizada como Halle Berry en el filme de hace algunos años o las que se aprecian en los comics, pero si deja evidenciar unos lindos ojos cafés y una boca sensual bajo ese traje de cuero.
Pasa por sobre todos nosotros con una especie de látigo y se va despojando de cada prenda sin quitarse el antifaz, que luego se despoja exclusivamente en el cuarto oscuro en donde complace las fantasías de todos aquellos gomosos de Batman que se sintieron el hombre murciélago por una noche combatiendo a su más ardiente rival.
Suenan los aplausos, la música electro-dance le da paso al merengue y el reggaeton, quedan pocas parejas en la sala de fantasías, algunos rumberos ya se han empezado a marchar y en el cuarto oscuro se escuchan los últimos maullidos y gruñidos de las candentes felinas.
Al medio entreabrir la puerta de la habitación veo un gang bang en el que Ximena y Adelita están de pie rozando sus lenguas y son el vagón central (el centro de atracción) de un pequeño tren humano en donde hombres y mujeres se hacen detrás de cada una formando una postal muy simbólica de lo que se puede llegar a hacer en un encuentro de estos.
Una imagen que se me quedó grabada en la cabeza mientras me dirigía a cambiarme al camerino, la verdad quería encontrarme de nuevo con Marión – la gatita aquella del principio que se tomaba fotos en el cuarto- y fusionar ambas imágenes como el retrato imborrable de esta velada. Ya no estaba posando ella para la cámara, la verdad nunca más la volví a ver y me preguntaba si por casualidad ella no fue la que me propinó un pequeño rasguño en la espalda en alguna de las distintas faenas .
Al menos me quedó una pequeña cicatriz de guerra (apenas precisa para la temática del encuentro) que por algunos días me recordará cada vez que la vea frente al espejo que estuve conviviendo desenfrenadamente con dulces mininas y agrestes tigresas.
